Las cinco esculturas más originales en las calles de Madrid

Madrid atesora casi 2.000 esculturas, algunas tan emblemáticas como El Oso y el Madroño o el Ángel Caído. Compartimos las 5 más originales

¿Cuántas estatuas y esculturas puede esconder la ciudad de Madrid? Antes de salir a la calle e ir contando una a una, el listado de Patrimonio Urbano puede darnos una cifra aproximada. El buscador recoge un total de 1.847 entradas referidas a obras de la capital, incluyendo sus monumentos. Ni qué decir tiene que, en una extensión superior a los 600 kilómetros cuadrados, muchas de esas casi 2.000 esculturas nos pasarán desapercibidas a lo largo de nuestra vida. Y algunas son tan singulares, que merecen la pena contemplarlas in situ.

El Oso y el Madroño o El Ángel Caído son de las esculturas más conocidas. Ahora bien, la capital atesora muchas otras obras que, pese a lo chocante de su diseño, lo sorprendente de su concepción y la originalidad de su mensaje, no han calado tanto en el público. Proponemos a continuación las siguientes esculturas.

Las cinco esculturas más originales en las calles de Madrid

«Accidente aéreo»

Comenzamos el repaso a las esculturas más originales con el «otro Ángel Caído» de la capital. En el número 3 de la calle de los Milaneses, haciendo esquina con la Plaza Mayor, si levantamos la vista, podremos ver la efigie de lo que parece ser un ángel boca abajo, cuya cabeza se encuentra estampada contra el edificio. Se trata de una escultura de bronce titulada «Accidente aéreo», solicitada en 2005 por los propietarios del inmueble al escultor Miguel Ángel Ruiz Beato.

Los que reparan en la figura no pueden evitar preguntarse si se trata del segundo monumento de la capital dedicado a Lucifer. Otros, por su parte, creen que se trata de una representación de Ícaro, aquel personaje de la mitología griega cuyas alas de cera se derritieron por efecto del sol. Sin embargo, su autor siempre se mostró ambiguo en lo que respecta a su significado. Optó por referirse a la efigie como un «aviador distraído». Y lo cierto es que esa ausencia de explicaciones y su halo de misterio favorecen a una estatua extraordinaria, abierta a interpretaciones.

Las cinco esculturas más originales en las calles de Madrid

La cabeza olmeca

Aún hoy, camino de los veinte años desde su inauguración, muchos todavía se sorprenden cuando pasan por el número 13 de la Avenida Ensanche de Vallecas: una réplica exacta en piedra de las colosales cabezas de la cultura olmeca, de unos dos metros de altura y 5,5 toneladas de peso, donada en 2005 a Madrid por el estado mexicano de Veracruz.

Concretamente, la obra reproduce la «Cabeza Colosal nº8», tallada entre los años 1.200 y 900 a. C, y conocida como el «Rey». Un apelativo que se debe, más que al hipotético origen real del protagonista, a su aspecto majestuoso, de apariencia severa y ataviado con un casco o tocado. No en vano, según algunas interpretaciones, la efigie podría representar también a un sacerdote e incluso a un jugador de pelota, que solían portar un casco similar.

La inauguración se produjo en mayo de 2007, en una de las principales glorietas del Ensanche de Vallecas, después de tres meses de trabajo empleados por el escultor mexicano Ignacio Pérez Solano. La pirámide de base se levanta sobre un estanque cuadrado, de unos veinte metros de lado, desde el cual se impulsa el agua hacia la base de la cabeza, para hacerla discurrir después por cuatro rampas con salientes de piedra que forman pequeñas cascadas.

Las cinco esculturas más originales en las calles de Madrid

El vecino curioso

Vivir en Madrid supone convivir con las obras. Y para muchos, contemplarlas supone un pasatiempo. ¿Por qué no dedicar un monumento al «vecino curioso»? Ese es el nombre que recibe la estatua de este personaje de edad madura, apoyado con las dos manos sobre una barandilla, con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, y que observa los restos de la antigua Iglesia de la Almudena.

Se trata de una escultura en bronce realizada por Salvador Fernández Oliva en 1999. Y para entenderla, hay que tener en cuenta el contexto. En 1996 se aprobó el proyecto de la musealización de las ruinas de la citada iglesia, situadas en la intersección entre las calles Mayor y Almudena. El proyecto se culminó con esta simpática iniciativa: una figura de 1,70 metros de altura que mira con curiosidad los vestigios del antiguo templo madrileño.

Las cinco esculturas más originales en las calles de Madrid

La abuela roquera

¿Quién fue Ángeles Rodríguez Hidalgo y por qué cuenta con una estatua en su honor en la calle Peña Gorbea? Como muchos vecinos del barrio de Vallecas, era aficionada al rock duro y al «heavy metal». Cada vez que AC/DC actuaba en la capital, no faltaba a la cita. Sin embargo, la peculiaridad de Ángeles es que era octogenaria

La conocida como «abuela roquera», nacida en 1900, de origen argentino y madre de cinco hijos, era una asidua de las salas vallecanas. Hasta que el punto de que, un año después de su adiós, en 1994, fue erigido un monumento, promovido por varios grupos españoles, y sufragado con la recaudación de un concierto celebrado en la sala Canciller. La estatua, a tamaño natural y de factura realista, fue realizada en 1994 por Carmen Jorba, utilizando granito y bronce. La representación de Ángeles hacía honor a su apodo: chupa de cuero, gorra, pañuelo, muñequera de pinchos, chapas metálicas…

Desgraciadamente, la efigie fue víctima del vandalismo. Al poco tiempo de su colocación, sufrió la mutilación de dos dedos de la mano derecha, con los que realizaba el conocido «saludo heavy». Y es que algunos vecinos consideraban el gesto obsceno.

La universitaria

Nos situamos en el siglo XIX. En la primitiva Universidad Central, en la calle San Bernardo, solo los hombres tenían permitido el acceso. Sin embargo, la joven Julia, disfrazada de chico, consiguió entrar, de forma que se convirtió en la primera universitaria española.

¿Existió Julia? Sea o no cierta la leyenda, lo cierto es que pudo ocurrir. De hecho, en una época similar a la de la historia y en el mismo centro educativo, Concepción Arenal también se travistió para burlar a las autoridades universitarias y poder asistir así a las clases de Derecho.

En todo caso, la efigie de Julia, con los libros en una mano y apoyada en la pared, permanece desde el año 2003 en el número 42 de la calle Pez, financiada por la Empresa Municipal de la Vivienda y la Fundación Universidad Complutense. Aunque la obra, esculpida por Antonio Santín Benito, fue vandalizada hace ahora una década, las labores de restauración fueron satisfactorias. A día de hoy, Julia está recuperada, esperando pacientemente la llamada para la siguiente clase.

Fuente: La Razón

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