Madrid tendrá en 2020 un museo de la cerveza

Al igual que Dublín tiene el museo de la Guinness y Amsterdam tiene el museo de Heineken, Madrid tendrá su museo de la cerveza Mahou.

Madrid tendrá un museo de su cerveza más conocida. Mahou reformará la Casa Palacio Duque del Infantado, un inmueble del siglo XVIII situado en el barrio de La Latina, en pleno distrito Centro, para establecer un museo con espacios culturales y gastronómicos.

El proyecto obtuvo la luz verde del Pleno municipal el pasado 20 de diciembre del 2019, con la aprobación de un plan especial que delimita las actuaciones en este edificio, protegido como Bien de Interés Cultural en régimen de monumento.

Aunque en un principio estaba previsto que su apertura se realizase a finales del año 2020, la situación por el covid-19 ha retrasado el proyecto y no será hasta el 2021 cuando se estrene este flamante nuevo museo de la capital.

La reforma que llevará a cabo Mahou es obra del arquitecto Héctor Fernández Elorza. Se estima que más de 250.000 personas visitarán esta espacio de 3.200 metros cuadrados que contará con increíbles vistas de La Latina y de San Francisco el Grande.

El plan especial que regula la reforma  destaca la “ausencia de dotaciones similares en la ciudad de Madrid” y considera que este nuevo museo y zona recreativa permitirá dar usos complementarios a dotaciones cercanas como el Teatro La Latina.

Además señala que el “impacto en la zona sería mínimo” en lo referente al tráfico y a la concentración de público, unas consideraciones que rechazan tanto desde el PSOE como desde la asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, puesto que el edificio antes fue sede de la Universidad San Pablo Ceu y a su juicio un museo de la cerveza nada tiene que ver con un uso cultural sino que acrecentará el ruido y los problemas de movilidad que convierten el centro en inhabitable.

El nuevo museo de la cerveza Mahou se situará en un edificio de origen incierto y cuyo autor se desconoce pero que figura en los planos de la capital desde el siglo XVII. Durante décadas sirvió de residencia y en 1936 albergó en su sótano una checa, un centro de detención ilegal en el bando republicano.

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