La guía más completa de la Semana Santa en la capital


La multitud en torno a Jesús de Medinaceli, las maniobras de los anderos para sacar a Jesús «El Pobre», el recogimiento en el Silencio, el aire sevillano de La Macarena y el Gran Poder, el estruendo de la tamborrada. Así es la Semana Santa de Madrid: fervor, devoción, liturgia, color. Hemos preparado la guía más completa de Semana Santa para que no te pierdas detalle de los pasos y cofradías en su recorrido por el centro de la capital.

Miércoles Santo

Los Gitanos

De inspiración sevillana, constituida hace dos décadas, la hermandad de Los Gitanos de Madrid organiza la única procesión que recorre el centro el Miércoles Santo, con parada en la Puerta del Sol y la Plaza Mayor. Cristo cargando con la cruz en representación de la segunda estación del viacrucis; la Virgen, bajo palio. Con tallas del sevillano Ángel Rengel, de 1998, Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias cruzan el portón de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y San Luis Obispo a cuestas de una treintena de costaleros cada uno, con sus respectivos relevos. La hermandad y cofradía viste túnica blanca y antifaz morado.

Jueves Santo

Jesús «El Pobre»

De la iglesia de San Pedro «El Viejo» sale Jesús «El Pobre» acompañado de María Santísima del Dulce Nombre en su Soledad. Con 1.800 cofrades, la hermandad es la segunda más numerosa de Madrid, después de Jesús de Medinaceli, y una de las más antiguas, con casi ocho décadas. La talla del Nazareno, del siglo XVIII, es oficialmente de autor anónima, y diversas corrientes discuten su autoría, igual que el origen de su sobrenombre de «El Pobre». Representa a Cristo coronado y maniatado ante Pilatos mientras se lee la sentencia a muerte. La gran dimensión del trono obliga a los anderos a cuidadas maniobras para portar el paso por las estrechas calles del centro y, sobre todo, al salir de su templo. La Virgen, una Dolorosa bajo palio, es obra de Lourdes Hernández, de 1999. La hermandad viste con túnica morada, cinturón ancho de esparto y antifaz morado con la cruz trinitaria sobre el pecho.

El Divino Cautivo (Jueves Santo)

El Divino Cautivo es la única talla que sale dos veces en procesión en Semana Santa. La primera, el Jueves Santo, con salida desde el Colegio Calasancio, por las calles del barrio de Salamanca. La segunda, en Viernes Santo, con salida en la iglesia de San Sebastián y recorrido por el centro de Madrid. Ambas tradiciones se remontan a mediados del pasado siglo. La obra de Mariano Benlliure, de 1944, representa a Jesús maniatado y cautivo ante Pilatos, vestido con túnica y coronado con tres potenciales. La talla no es llevada a cuestas, sino que es empujada. Los cofrades visten túnica, capa y guantes blancos, y antifaz rojo.

Gran Poder y La Macarena

Aire sevillano para una procesión muy madrileña. La talla del Nazareno —obra de Fernández-Andes de 1942— es acompañada de cofrades con túnica y antifaz negro y cinturón ancho de esparto; la de la Esperanza Macarena —una Inmaculada Concepción bajo palio, de Eslava Rubio, 1958—, es acompañada por nazarenos con túnica y capa blanca y antifaz de terciopelo verde. Ambas, a imagen de las veneradas en Sevilla, son portadas por costaleros de la hermandad de Jesús del Gran Poder y la Esperanza Macarena, en la capital desde 1940 fundada por devotos sevillanos. Es la más antigua de inspiración andaluza en Madrid.

Viernes Santo

Jesús Nazareno de Medinaceli

La imagen más venerada de Madrid recorre el barrio de Las Cortes en la estación de penitencia más populosa. Tallada en Sevilla en el siglo XVII por un autor anónimo, la imagen, un Ecce Homo ante Pilatos, vivió un largo periplo hasta su ubicación definitiva en la basílica que lleva su nombre. Debido al gran peso de su enorme trono, de madera tallada y dorada, con más de cuatro metros de altura, es conducida con ruedas, en lugar de ser porteada por anderos o costaleros. Detrás del Nazareno se lamenta la talla de Nuestra Señora de los Dolores en su Mayor Soledad, obra de Rafael García de Iruzoqui en 1948. La hermandad viste con túnica y antifaz morados, con cruz trinitaria al pecho.

Alabarderos

Del Palacio Real parte la procesión de los alabarderos con la imagen de Jesús crucificado a hombros. Las estación de penitencia, desde 2003, es la más reciente; aunque recupera una tradición del siglo XVII, cuando se invitó al cuerpo de oficiales de la Guardia Real a portar y alumbrar a Cristo. El Santísimo Cristo de la Fe, conocido como Cristo de los Alabarderos, es obra de Felipe Torres Villarejo, de 2007, inspirada en las primeras tallas de la congregación. La Infanta Elena, hermana mayor honorífica de la hermandad de los Alabarderos, es una asidua de la procesión, y tradicionalmente se encarga de dar la segunda «levantá», con las palabras «Por España». La hermandad viste de túnica morada y capirote rojo. Su sede canónica está en la catedral de las Fuerzas Armadas, donde concluye la procesión.

Silencio

La estación de penitencia del Silencio saldrá este año con la imagen de Jesús del Perdón, porteada por costaleros, para dar protagonismo a otro pasaje de la Pasión en el centro de la capital, por decisión de la hermandad, constituida en 1940. La talla, de Víctor González Gil, de 1945, muestra a Jesús maniatado y flagelado. Hasta ahora, el crucificado presidía el recorrido de una procesión que llegó a contar con una veintena de pasos diferentes. El hábito de la hermandad es de color negro con antifaz blanco con la cruz dominica. Al Cristo lo acompañan de morado.

El Divino Cautivo (Viernes Santo)

El Divino Cautivo es la única talla que sale dos veces en procesión en Semana Santa. La primera, el Jueves Santo, con salida desde el Colegio Calasancio, por las calles del barrio de Salamanca. La segunda, en Viernes Santo, con salida en la iglesia de San Sebastián y recorrido por el centro. Ambas tradiciones se remontan a mediados del pasado siglo. La obra de Mariano Benlliure, de 1944, representa a Jesús maniatado y cautivo ante Pilatos, vestido con túnica y coronado con tres potenciales. La talla no es llevada a cuestas, sino que es empujada. Los cofrades visten túnica, capa y guantes blancos, y antifaz rojo.

Siete Dolores

María de los Siete Dolores, con sus siete espadas atravesando el corazón, de luto y porteada por anderos. Cada espada representa un episodio trágico de la vida de la Virgen, entre ellos cuatro referidos a la Pasión de Cristo: su encuentro con Jesús en el Via Crucis, la crucifixión, el descendimiento de la cruz y el entierro. La talla es de Faustino Sanz Herranz, de 1940. La congregación data del siglo XV. La hermandad viste con túnica blanca, capirote y fajín negros con cruz dominica al pecho.

Santo Entierro

La estación de penitencia más tardía en las calles del centro es con Jesús ya muerto, descendido de la cruz, y enterrado. El Santo Entierro. El paso de Cristo yacente dentro de una urna, su sepulcro, es porteada por anderos. La imagen, el Santísimo Cristo de la Vida Eterna, es de Jacinto Higueras, de 1941. Sale acompañada por María Santísima de la Paz, de los talleres Agustín López Miraz, también del pasado siglo. La archicofradía del Santo Entierro data de mediados del siglo XV, una de las más antiguas de la capital. Los hermanos visten túnica negra, y capirote y guantes rojos.

Sábado Santo

La Soledad

La única procesión que recorre el centro de Madrid el Sábado Santo cuenta con un doble recorrido. El Cristo Yacente —talla de los talleres Olot, del siglo pasado— parte del Monasterio de la Encarnación para encontrarse en la Plaza de la Villa con el paso de Nuestra Señora de la Soledad y el Desamparo —obra de Juan Pascual de Mena, del siglo XVIII—. Ambas, porteadas por anderos, recorren luego juntas el camino hasta la iglesia de la Concepción Real de Calatrava, de donde partió la Virgen. La congregación data del siglo XVIII. Los hermanos visten túnica roja y capa negra cuando acompañan al Yacente; y de negro y morado junto a la Soledad.

Domingo de Resurrección

Tamborrada

Madrid, sin procesión de Cristo Resucitado el Domingo de Pascua, cierra su Semana Santa con el estruendo de la tamborrada en la Plaza Mayor. La tradición nació en el bajo Aragón en el siglo XVI, como manera, brusca y acompasada, de convocar a los fieles para evitar tocar las campanas tras la muerte de Jesús. La exaltación del tambor corre a cargo este año de la sección de instrumentos de la hermandad zaragozana de Nazarenos de Nuestro Señor Jesús de la Humildad entregado por el Sanedrín y de María Santísima del Dulce Nombre.

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